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En Memoria de Rafael Torres

El pasado jueves prometía ser un día normal… nada mas alejado de la realidad. Teníamos un amigo con serios quebrantos de salud, pero dada su sólida condición física y su espíritu combativo, creíamos que lo superaría.

Ya lo había logrado anteriormente por lo que no dudamos de su triunfo frente a las dificultades del momento. Nos equivocamos… Rafelito fue un ser que supo ponerle dedicación y pasión a cualquier actividad a la que se dedicara.

Así lo vimos destacarse como cronista, comentarista o productor de programa deportivo. Pero fue su amor a la narrativa la que le produjo mayores satisfacciones.

Sus últimos años los había dedicado a escribir sobre situaciones y personajes de su pueblo donde contaba anécdotas de la que él había sido testigo mientras crecía en su querida Romana, u otras que habían llegado a su conocimiento a través de las narraciones de sus mayores.

Sus relatos tuvieron una aceptación inmediata, su éxito fue rotundo. Se contaban por cientos sus seguidores que cada mañana entraban a su página de Facebook en busca de un nuevo relato.

Y es que esos relatos no solo traían un nuevo recuerdo de ese pueblo que se nos fue, sino que la forma coloquial, sencilla, sin grandes pretensiones literarias con que lo narraba, hacían que el lector se transportara en el tiempo y se adentrara en la historia relatada.

Fueron sus seguidores los que empezaron a demandar que esos relatos no quedaran esparcidos en los medios cibernéticos, que deberían ser coleccionados en un libro.

Rafel Torres en el lanzamiento de su libro La Romana y Yo

La idea fue ganando fuerzas, el entusiasmo alrededor de la misma creció de tal forma que sorprendió al mismo Rafelito. Y lo que en un principio fue solo una idea terminó siendo una hermosa realidad cuando en el mes de marzo del año pasado salió a la luz “La Romana y Yo”.

La noche de la presentación de la obra fue inolvidable para él. El salón de actos de la Alianza Juvenil se vio repleto de sus admiradores que se dieron cita allí para brindarle su apoyo al amigo y escritor. La aceptación que tuvo “La Romana y Yo” fue de tal magnitud que el libro se agotó esa misma noche. Nuestro amigo rebozaba de felicidad, sus labios no paraban de sonreír.

La Romana esa noche parió un nuevo escritor. De las grandes satisfacciones que la publicación de su libro le produjo habla unas palabras de agradecimiento que escribió al leer los elogios tanto para el como para su obra.

En ella escribió: “No me canso de dar las gracias a tanta gente buena que ha ratificado ser amiga y que me quiere. Gracias amigos, gracias del alma, una, y otra y mil veces más!!!”Rafelito no se detuvo ante el éxito, siguió escribiendo y deleitando a sus lectores con nuevas narrativas.

En varias ocasiones nos manifestó que “el escribir para mí se ha convertido en una necesidad. El día que no escribo siento que me falta algo… no me siento bien”.

Pero la vida a veces nos hace cada trastada, nos sorprende en el momento mas inoportuno. Eso le pasó a nuestro amigo. En momentos en que su ingenio estaba en el clímax de su producción, cuando podía cerrar los ojos y disfrutar sus triunfos, cuando una de sus mayores satisfacciones era sus “juntes” bajo la sombra de la mata de uva en el patio de su casa, viene la adversidad y lo sorprende.

Lo cogió “fuera de base” para decirlo en el argot deportivo, sin previo aviso… y se nos fue el amigo, el escritor, el compañero. Extrañaremos sus llamadas sorpresas en horas de la mañana, cuando no oía de nosotros por par de días, con esa voz ronca y autoritaria diciéndonos: “Y a ti que coño te pasa que no llamas? ”Rafelito, te fuiste sin avisar, sin darnos la oportunidad de despedirte.

Nos tenías acostumbrados a de vez en cuando darnos una sorpresa, otra clase de sorpresa… esta vez te pasaste, esta sorpresa no nos la esperábamos, tenias que prepararnos para tu dolorosa partida… solo nos consuela saber que estás hoy en un lugar especial, ese que Dios le tiene reservado a las almas nobles como la tuya. Vete en paz…

Artículo por: Efrain Enrique Santana
La Romana Calle Arriba Calle Abajo